No sabría recordar bien de cuándo me viene esta adicción a la autofagia. Imagino que cambié la teta por el chupete y luego pasé directamente a la manía de comerme las uñas y los pellejos de los dedos de manos y pies. Recuerdo probar -por la misma época- el interior de los carrillos un día que observé a un compañero de clase en el colegio que hacía el gesto de morderse esa parte carnosa de la cara, una suerte de mohín que más tarde entendí que formaba parte de la concentración necesaria para hacerse una buena faena. Otro día -no me acuerdo a causa de qué- noté que me salieron una especie de callos en las manos, mordisqueé uno y tiré del pellejito con la curiosidad de un explorador. Aquella fue la primera vez que me di cuenta de que tirar de un pellejo sin control no sirve de nada. Si no sabes bien lo que te estás haciendo, puedes provocarte bastante daño y la herida tarda en recuperarse una media de 36 horas, depende de lo brusco que haya sido el tirón. A veces, se puede complicar el asunto si surge alguna infección, pero mi historial dice que no es algo común.
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A medida que fui creciendo, los retos eran más importantes y difíciles para mi. Ya no me conformaba con morderme las extremidades y aprendí a dominar el arte del despelleje sin hacerme mal. Es cierto que al principio las láminas de piel era más gruesas de lo deseado, mi cuerpo tornaba a un color encendido y la piel tendía a arrugarse. Pero después de varios años de práctica, tenía aprendidas una serie de técnicas muy depuradas con las que conseguí probar todas las partes de mi cuerpo que alcanzaba mi boca sin riesgo alguno para mi salud.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces y la experiencia me ha reportado muchos trucos para sobrellevar bastante bien mi adicción al auto-canibalismo. Utilizo -por ejemplo- la técnica del barbecho, como divertidamente me gusta llamarla. Si veo que he abusado del mordisqueo por alguna parte de mi cuerpo, no la trabajo en varios días con el objetivo de dar tiempo a que se recupere el organismo, concentrándome en otros lugares. A veces, en situaciones de emergencia (sobre todo hace años, cuando era más inexperto), dejaba pasar varias semanas sin comerme o despellejarme la zona dañada. Iré contando más adelante las razones por las que cuando salgo a la calle me envuelvo en tules y gasas, sin entrar en detalles que pudieran resultar desagradables ni otras cuestiones que debo reservarme por lo delicado de mi trabajo como investigador. Adelanto que los tules y las gasas no sólo mitigan el escozor de la piel, sino que me ayudan a pasar desapercibido en mis averiguaciones.
Si bien es cierto que mi patología es excepcional, no veo mi problema muy alejado de otras adicciones como el tabaco, el juego, la bebida o la cleptomanía. Definirme como auto-caníbal quizá sea un poco exagerado y dé lugar a confusiones. Por lo general, la gente tiene un concepto del canibalismo bastante negativo.
Prefiero presentarme como escritor. Lo de la investigación privada es una ocupación pasajera, alimenticia. Por el momento, la literatura no me da de comer y los pellejos no alimentan lo necesario. Y al fin y al cabo, ser investigador privado me provee de muchas historias que luego tengo la opción de ficcionar en mis relatos sin aludir a los protagonistas reales.
Comienza aquí mi diario personal, un diario que en un alarde de genialidad -y delicada autorreferencialidad- he llamado "El hombre que se comía a sí mismo".
sábado, 9 de agosto de 2008
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3 comentarios:
Siento una especie de morbo, además de una estimulación de mis glándulas salivales, algo extraño. No se si es porque son las 14:30 y aun no he comido o por ese deseo profundo y prohibido inherente al hombre de la posibilidad del canibalismo, el autocanibalismo será narcisista?
Y me pregunto ¿a qué sabes?
"La humanidad me gusta cada día más". Antropófago anónimo.
Vaya, justo este finde descubrí a otra persona que también escribe y se come los dedos. Como tú. Como yo. Ya somos tres.
Me pregunto si habrá alguna relación más entre nosotros. Podemos abrir una investigación...
Yo estoy aquí
www.lacoctelera.com/comosertatianagarland
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